"«Amor verdadero y grandes aventuras», yo creí en eso en cierta ocasión. Pensé que mi vida iba a seguir esos derroteros. Rogaba porque fuera así. Está claro que no lo fue, pero no creo que todavía existan grandes aventuras. Hoy en día no hay nadie que desenvaine la espada y grite: «Hola, me llamo Íñigo Montoya. ¡Tú mataste a mi padre; disponte a morir!»
Y del amor verdadero también os podéis olvidar. Yo ya no sé si hay algo que quiera de verdad."
La princesa prometida.

lunes, 18 de junio de 2012

"Porque son las mitades las que te parten por la mitad."

Te parto por la mitad, desaparezco, nos cruzamos, nos sonreímos, te intento coser, te alejas, me partes por la mitad. Nos vamos.
Infinitamente humano, esencial, primordial, diferente.

No me escuchas cuando te digo cada noche que te voy a salvar, a cuidar. Pero tú a mí no me salves, sigo necesitando la soledad diaria, sigo sin saber dar todo lo que llevo dentro.
Nunca voy a la ciudad, todas las esquinas tienen tu rastro. Está todo un poco más triste, las luces más oscuras, la Luna se esconde a menudo.

La inspiración, parece ser que también se esfuma. Eso me dijeron de nosotros, "el amor se gasta de tanto usarlo." ¿Tú lo creías? Yo sí. No soportaba creer en tantas cosas, ahora no queda nada. No creo que se gaste, tampoco creo que esté por algún lado revoloteando.
Mi última bobada fue ponerme la falda más bonita y arrojarte. Despedirme. ¿Por qué lo hicimos? Odiábamos las despedidas, te arrastré conmigo pero alejándote de mí. Paradojas. Creíamos en algo que no veíamos pero que vivíamos.

¿Cómo estás? Buscando las novedades que no te llamaban la atención. Yo me he cansado. "Tuviste suerte, en realidad no vas a encontrar a nadie así." ¿Te puedes creer las cosas que me dicen? Los ojos, a veces (y ya sabes, muy pocas veces) se me humedecen. "Te jodes", te gustaría decirme. "Los dos", en realidad. Somos dos, o todo o nada. Lo tomas o lo dejas. Y no, no hace falta que respondas; sé lo que piensas.
Me has dejado una quemadura. No quiero no vivir la vida que nos espera. No quiero levantarme cada mañana y no hablar de ti con la persona que amanezca conmigo. No quiero pasar años sin nombrarte.
Sólo quiero recuperar los retales que dejamos aquel año, recoger los recuerdos que quedaron esparcidos.
Sé que piensas en mí, que aparezco cada noche que no puedes dormir, cada canción que escuchas lleva mis iniciales. Y sabes que es recíproco y mutuo.

Las cosas no han terminado, las cosas van a cambiar. Todo será diferente. Llegarás, nos cruzaremos y comenzará aquello que dejamos a la mitad.
Porque son las mitades las que te parten por la mitad. No lo sabía, ni sé acerca de los pedazos que quedan en medio. Los pedazos sangrientos de ti y de mí.
Y, rectifico, la última bobada no fue elegir la falda más bonita; llevo haciendo bobadas desde entonces. Encontrando mi sitio, huyendo, corriendo, he vuelto. Y tú, tú fuiste mi primera bobada y, si hace falta, cambiaré la rotación de la Tierra para que seas mi última puta bobada.
Que antes de rendirnos fuimos eternos.









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